¿Cómo combate la ciencia a la ciberdelincuencia?

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Una de las claves de un buen pescador es cuidar la presentación de los cebos y anzuelos, pues hay que ofrecerles a los peces algo tan atractivo que su ansia por obtenerlo los haga picar sin atender a los riesgos. Algo similar puede suceder frente a un teléfono celular o la pantalla de una computadora. Hay mensajes cibernéticos con promesas engañosas, así como aplicaciones totalmente irresistibles cuyos encantos se exacerban bajo la palabra “gratis”, pero probablemente sólo sean estrategias para pescar al pez menos cauto, aquel que puede dejar sus secretos al descubierto y ser víctima del robo de identidad.

El llamado Phishing, que proviene precisamente de la palabra en inglés fishing, se refiere al método que utilizan los ciberdelincuentes para engañar a un usuario y conseguir que revele información personal, como contraseñas, datos de tarjetas de crédito, números de seguridad social y de cuentas bancarias.

Generalmente esta práctica se realiza mediante el envío de correos electrónicos fraudulentos o dirigiéndole a un sitio web falso, pero este es solamente uno de los tentáculos del rechoncho glosario que encierra el territorio de la ciberseguridad o seguridad cibernética que puede atentar desde el universo más íntimo de una persona hasta la seguridad de toda una nación.

La revolución tecnológica nos llenó de posibilidades. El ciberespacio, un surrealista entramado de líneas invisibles comandadas por Internet, circuitos de redes sociales, sistemas de información y aparatos electrónicos cada vez más sofisticados, generó, entre otras cosas, mayor acceso al conocimiento, más rapidez y calidad en los servicios y una cercanía inmediata con los otros (aunque muchas veces no deseada); pero este espacio lleno de promesas también deja desnudas nuestras mayores vulnerabilidades.

Según datos del INEGI, en México hay 74.3 millones de usuarios de Internet de seis años o más; 65 % de los internautas se encuentran conectados las 24 horas. Nadie en realidad descansa ni descansará del otro: más de 300 millones de dispositivos con acceso a las redes en México estarán funcionando en 2025.

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Urgen especialistas

La ciberseguridad se enfoca en la protección de la infraestructura computacional y todo lo relacionado con ésta. Especialistas en diversas áreas de la informática y telemática se encargan de llevar a cabo estándares, protocolos y métodos de rastreo para minimizar los posibles riesgos de que información confidencial pueda ser utilizada inadecuadamente.

Acorde con datos del documento Perspectiva de la ciberseguridad en México, un análisis puntual realizado en colaboración con el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y McKinsey & Company, existe una amplia gama de individuos y grupos que pueden lanzar ciberataques con diversos fines, desde individuos patrocinados por terceros —como activistas o compañías en competencia— hasta grupos de crimen organizado e incluso ciberespias.

Recientemente, en un foro de discusión sobre ciberseguridad organizado por el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), se arrojaba una cifra clave para mantener el equilibrio en medio de la voracidad cibernética: se estima que México requerirá en los próximos años de 1.8 a 2 millones de especialistas en el tema de ciberseguridad.

El doctor Raúl Rivera Rodríguez, director de Telemática del CICESE, señala que en seguridad pública hay cambios que aspiran a esta sintonía de los nuevos tiempos, pues en la División Científica de la Policía Federal ya se procesan diversos delitos siguiendo la pista cibernética a delincuentes financieros, tratantes de personas, redes de prostitución o acosadores de menores.

Sin embargo, otro aspecto muy importante para poder mantener el equilibrio es ir generando más especialistas que puedan darle batalla a los cambiantes estrategias que utilizan estas industrias. El especialista destaca los casos de algunos centros Conacyt que se han sumado a esta nueva brecha académica, como el caso del CICESE y el INAOE (Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica). Este último ha creado un laboratorio especializado en el tema que busca dar servicios a la industria, como auditoría técnica, hacking ético, análisis de vulnerabilidades de sistemas e infraestructura, análisis de seguridad en aplicaciones móviles y en redes inalámbricas.

La institución también cuenta con la Maestría en Ciencias y Tecnologías de Seguridad que ya pertenece al Padrón de Posgrados de Calidad (PNPC). Según datos de especialistas del INAOE, tan sólo en 2019 se presentó un déficit de 38 mil puestos en ciberseguridad.

En la Facultad de Ingeniería ha cobrado fuerza el Diplomado en Ciberseguridad, mientras que la Facultad de Contaduría y Administración tiene un Diplomado en Auditoría Forense e Incidentes Cibernéticos. En otras dependencias de la UNAM también existen otras opciones académicas con nuevas herramientas para el ritmo que los tiempos imponen, como el caso de la recién lanzada Licenciatura en Ciencia de Datos que se imparte en el Instituto de Investigaciones en Matemáticas y Sistemas.

“El análisis de datos, el llamado Big Data, es un área que refuerza el conocimiento, no sólo para cuestiones de seguridad, sino para la planeación estratégica en muchas áreas”, explica y puntualiza que es una herramienta que, por ejemplo, es utilizada por los químicos para hacer experimentos de manera virtual con el llamado digital twin de la cuarta revolución industrial, la parte que ayuda a digitalizar el modelado de un proceso para predecir su impacto futuro.

Rivera señala que como parte de la Red Mexicana de Súpercomputo, de la que forman parte varias instituciones académicas, es evidente que hace falta la formación de recursos humanos que sepan manejar estas herramientas con posibilidades multidisciplinarias. En México se necesitan nuevos especialistas en muchas de estas áreas que conectan con el mundo cibernético y que tendrían que ser aprovechadas por los jóvenes como nichos laborales con mucho futuro.

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De China ¿con amor?

Para Rivera, China es el país más avanzado en estas cuestiones y también de donde surgen algunos de los principales ataques cibernéticos, precisamente por su gran poder de cómputo. Según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), se estima que la ciberdelincuencia genera ingresos en el mundo por alrededor de 1.5 trillones de dólares al año.

El especialista señala que en el país, el robo de identidad es el delito cibernético más común. “Se utilizan correos electrónicos con mensajes engañosos para extraer información valiosa. La estrategia más común puede ser desde que te ganaste una rifa o recibir una oferta con uno de tus productos favoritos”. También señala que esto puede desencadenar un mayor análisis del perfil del usuario que lleva a un mejor entendimiento de cómo se puede abordar a la persona para cometer un fraude mayor.

El espía está al alcance de nuestras manos, cuando menos en apariencia. El número total de usuarios que disponen de celular inteligente creció de 64.7 millones a 69.6 millones el año pasado. “El mundo de los celulares es muy grande en México y la recomendación es actualizar nuestros sistemas operativos y aplicaciones para evitar esos huecos por donde pueden entrar los criminales”, señala, mientras alerta sobre la necesidad de sumar otras prácticas de seguridad básicas como no bajar software gratis, pues lo único que se busca es vigilar al usuario de todas las formas posibles. “La gente tiene que entender que nada es gratis”.

Para el entrevistado, ya pasamos el periodo donde los riesgos se reducían a adquirir software pirata; ahora los peligros vienen con el bombardeo de aplicaciones cada vez más atractivas y donde la gratuidad está condicionada mediante el acceso a la página de Facebook u otra red social, pero al hacerlo se entrega la identidad del usuario a la compañía que genera esa aplicación. “Es algo muy atractivo para grupos de todas las edades, así que nosotros tenemos que resistirnos y también vigilar lo que bajan los niños”. Insiste en indagar bien porque muchas de las aplicaciones ni siquiera tienen que ver con la cámara o el uso de multimedios, pero si se entra a las configuraciones del sistema aparece que se dio permiso de video, micrófono y análisis de datos, por ejemplo, con Siri. “Hay que desactivar todo esto”, señala el experto en telecomunicaciones y subraya que esta es la razón de por qué a veces no es necesario hacer una búsqueda en Internet de algún producto para que después te llegue una oferta a tu correo del producto buscado, pues a veces basta comentarlo con un amigo para que alguien más escuche a través de las bocinas de alguno de nuestros dispositivos electrónicos. “Esto se está volviendo común y muchas veces no tiene que ver con un secuestro, pero sí de muy agresivas estrategias de control del mercado”.

Para el especialista del CICESE, estos nuevos universos cibernéticos cobran diferentes dimensiones según las generaciones. Explica que los llamados Baby Boomers o los de la Generación X están menos expuestos que los Millennials o los integrantes de la llamada Generación Z; sin embargo, estos últimos, sin cámara y transacción tecnológica de por medio, se sienten desprotegidos. “Se trata de una transformación digital, pero también es una transformación del ser humano, aunque muchos todavía no se dan cuenta”, concluye Rivera.

Con información de el universal.